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Cinco motivos para que España descubra por fin a Charly García

 Háganse un regalo. Apaguen el móvil una hora y descubran por fin al oído absoluto que abandonó la música clásica por tres discos de los Beatles. Disfruten los vídeos sugeridos y la lista de Spotify –sólo 15 temas, un aperitivo– que hay a la conclusión. Son un ejemplo supremo de lirismo disruptivo en lengua española. (Si necesitan más argumentos, acaban de inaugurar la ‘Charly García Corner’ en Nueva York).

La población española, que se ha derretido con Silvio Rodríguez o Shakira, es naturalmente proclive a adoptar cualquier sonido que venga de Latinoamérica desde mucho antes de que se inventase la palabra ‘globalización’. En ese contexto, el anonimato pertinaz de Charly García supone una curiosa anomalía de nuestra oreja colectiva. Hay casi más gente que le conoce por haberse tirado a una piscina desde el noveno piso de un hotel tras una noche de juerga que por ser, además del indiscutible maestro del rock argentino, el hombre que introdujo la ‘new wave’ en Latinoamérica. Sólo la salud de Diego Maradona ha ocupado más portadas que la suya durante las últimas décadas en la prensa de Argentina, país de ídolos donde la fama del músico del bigote bicolor es comparable con la del héroe del fútbol: dos genios que compartieron la osadía, las malas compañías y la adicción severa a la cocaína. («Espero que estés en el club de los 27 con Kurt Cobain, Brian Jones y gente buena», le deseó García a Maradona cuando falleció, junto con un último mensaje: “Espérame ahí… Invita la casa; no te equivoques con el paraíso”).

Varios discípulos de Charly (Fito Páez, Andrés Calamaro) son muchísimo más conocidos que él en la madre patria. Las hipótesis de este milagro cultural, además de su difícil encaje en ninguna etiqueta, abarcan desde la singularidad rioplatense –cuando no oscuridad– de muchas letras del rock argentino hasta el hecho de que la explosión luminosa de García (entre 1975 y 1985, su época gloriosa, mientras resistió su juventud), coincidió con la descarga colectiva de la Transición y el auge del pop-rock español.

LOS CINCO MOTIVOS

1- El reconocimiento unánime de los músicos

Es complicado resumir la influencia de Charly en un par de párrafos: son demasiadas las alabanzas a su talento. Con la mitad de los músicos a los que prohijó se ha enfadado alguna vez en su vida, pero el tiempo terminó devolviendo el vínculo maestro-discípulo a su estado natural. Los artículos y libros que se han escrito sobre él llenarían una pequeña biblioteca. Joaquín Sabina dijo una vez: “En España casi nadie lo conoce, pero en Argentina Charly García es como los Beatles”. Cuando cumplió 70 años, en 2021, mandaron mensajes y vídeos incontables artistas; entre ellos, Silvio Rodríguez, Caetano Veloso, Serrat, Drexler, Sabina, Rubén Blades o Miguel Ríos. Fito Páez le llamó “Dios”. Carlos Vives escribió: “No sabía que estabas cumpliendo años, no sabía que los dioses cumplían años. Yo creo que los dioses son eternos”. Más de 100 artistas de distintas generaciones realizarán conciertos de homenaje a su obra en Buenos Aires.

Andrés Calamaro, otro de sus alumnos, explicó hace años: “Como músico es una medusa con varias cabezas o una bola de espejos que refleja en varias direcciones distintas, casi en 360 grados. Luego tiene un don musical que trasciende los discos que grabó; consta de verle tocando horas en un piano o con una guitarra enchufada en un equipo a pilas”.

 

2- Lideró la mejor banda de rock progresivo de Latinoamérica

Antes de lanzarse en solitario, Charly lideró tres bandas. La primera fue Sui Generis, adolescente todavía: un dúo ‘folk’ acústico e idealista en compañía del cantante, guitarrista y flautista Nito Mestre, compañero suyo en el colegio. Nacieron en 1968, hijos del hippismo. Cuando decidieron separarse, en 1975, celebraron dos conciertos de despedida en el mítico Luna Park a los que acudieron más de 25.000 personas, un récord para la época. (Se publicó un disco doble en directo y se estrenó un documental en cines).

La segunda, La Máquina de Hacer Pájaros, nació cuando se instaló la dictadura militar en Argentina: una reunión de músicos virtuosos que hacían un rock progresivo-sinfónico estilo Yes, a veces barroco, otras conceptual, con tintes de Weather Report y numerosas alusiones culturales. Charly, que lo llamaba “el Yes del subdesarrollo”, introdujo la novedad de presentar a dos teclistas simultáneamente en el escenario. Fue una agrupación más efímera (dos años, dos discos), formada por Charly, el baterista Óscar Moro (ex Los Gatos y Color Humano), el teclista Carlos Cutaia (ex Pescado Rabioso, grupo fundacional del rock argentino liderado por Luis Alberto Spinetta), el guitarrista Gustavo Bazterrica (futuro integrante de Los Abuelos de la Nada) y el bajista José Luis Fernández (ex Crucis).

Visto con perspectiva, es la banda donde se desarrolla el liderazgo futuro de Charly como músico total: instrumentista, compositor, letrista y cantante. Él no quería encabezar el grupo, pero terminó componiendo casi todos sus temas y fue quien decretó la disolución cuando abordaban la idea de un tercer álbum. Hasta ese momento, justo es reconocerlo, su repercusión en Argentina había sido bastante moderada.

Después de esa separación llegó Serú Girán, considerada la mejor y más influyente banda de rock progresivo de Latinoamérica, una suerte de cruce entre Supertramp, los Beatles y Pink Floyd al que le quedan aún unas gotas de Weather Report (en esa época Charly coincidió con Jaco Pastorius en un hotel en Brasil; el mítico bajista le invitó a una fiesta de una manera notablemente singular: le pintó una raya de cocaína desde la puerta de su habitación a la del propio Charly, que aceptó el envite).

Con armonías sublimes y unas letras oníricas que camuflan la depresión política y social de la época, Serú Girán desconcertó al público en sus inicios para terminar convirtiéndose en un referente continental. Además de Charly y el citado Óscar Moro, integraban la banda David Lebón y el bajista Pedro Aznar. Cuando se desintegraron, Charly inició su trilogía gloriosa con Yendo de la cama al living; Aznar fue contratado para su banda, ni más ni menos, por un señor llamado Pat Metheny.

Fue Aznar quien precipitó la separación del grupo: se iba a estudiar a Berkeley (justo antes de llamarle Metheny). Para muchos resultó traumático, dado que los productores de la banda estaban preparando su lanzamiento internacional con la esperanza de que fuesen los ‘Beatles argentinos’. Habían grabado incluso una versión del tema Peperina en inglés (que jamás se publicó). Hubiese sido probablemente el primer intento ambicioso argentino de lanzar un producto musical mundial y popular desde Carlos Gardel.

 

3- Después llevó la ‘new wave’ a Latinoamérica

La súperbanda Serú Girán se disolvió en 1982, y con él cualquier vestigio ‘hippie’ de Charly. García ya no se pasaba el día escuchando a Pink Floyd, King Crimson o (sus favoritos) los Beatles; más bien ponía discos de The Clash y David Bowie. El pop-rock argentino ya había producido el primer disco de Virus y algunos brotes ‘post-punk’; Sumo ya daba sus primeros recitales. El país se volcaba más que nunca en la metáfora y la ironía ante el panorama de una dictadura y una guerra (las Malvinas) que llevarían a una profunda anemia colectiva. El primer álbum en solitario de García se llamó Yendo de la cama al living, y fue grabado ese año casi en soledad, como multiinstrumentista depresivo que soñaba con la liberación definitiva. Es ya una obra de primer nivel, a caballo de todo lo que se cocía en aquel momento, con temas que han pasado al inconsciente colectivo argentino y latinoamericano.

La explosión definitiva, como se sabe, llegó al año siguiente. En 1983 García viajó a Nueva York para grabar su segundo disco como solista. Allí se sumergió en la escena post-punk y mamó la ‘new wave’: cuenta la leyenda que una noche interminable realizó un pacto de sangre con la mismísima Annie Lennox. Se había alquilado un apartamento y llamó a Pedro Aznar para que tocase el bajo en el álbum, cuyo nombre inicial era Nuevos trapos. Sin embargo, un día pasó por un muro donde la banda neoyorquina Modern Clix había pintado un grafiti con su nombre. Charly sintió que “la nave despegaba”. Llamó a su fotógrafo, cambió el nombre del disco y concibió una portada icónica.

El disco, entonces, terminó llamándose Clics Modernos. Hace un mes, cuarenta años después de su aparición, esa esquina de Nueva York ha sido rebautizada en su honor: ‘Charly García’s corner’. (Es la intersección de Walker Street y Cortlandt Alley, en pleno ‘downtown’).

Charly quería grabar en los célebres estudios Electric Lady, creados por Jimmy Hendrix, donde había trabajado gente como Bowie, Prince o Stevie Wonder. Reservó una sala de grabación y se compró, entre otros instrumentos novedosos, una caja de ritmos Roland TR–808. (A la postre, el disco llevaría fundamentalmente baterías electrónicas, salvo algunas baterías acústicas interpretadas por Casey Scheverrell). Durante esas semanas compartió el estudio con Laurie Anderson, que ultimaba en esa etapa Big Science.

Considerado por la revista Rolling Stone el segundo mejor álbum de la historia argentina, ‘Clics Modernos’ es una obra rabiosa y luminosa que incorpora sonidos y ritmos muy diferentes para generar una pieza integrada e inconfundible, enriquecida y avalada por el paso de las décadas: sigue siendo novedoso, entusiasta, fresco, armónico, profundo e inapelable.

Bajo la batuta técnica de Joe Blaney (productor experimentado que había trabajado con The Clash o el propio Prince), el disco contó con otra colaboración relevante: la del guitarrista Larry Carlton (que había tocado con Steely Dan, Paul Anka, John Lennon o Joni Mitchell, entre otros). Charly tocó casi todos los instrumentos; Aznar ha bromeado después con el hecho de que su amigo le retiró toda la libertad incluso en las líneas de bajo (una de las riquezas del disco): “Charly ya sabía exactamente lo que quería en cada canción”.

‘Clics Modernos’ fue uno de los primeros álbumes de la historia latinoamericana grabado casi enteramente con una caja de ritmos Roland 808 y marca el inicio oficial de la ‘new wave’ latinoamericana. Cuando volvió a Buenos Aires, la dictadura argentina acababa de morir; su disco iba a cambiar la escena musical de su país (y del continente). Mucha gente criticó a García por abandonar el sonido rockero de su primera etapa; le acusaron de venderse a lo comercial. (Evidentemente, no habían escuchado las letras del disco: el sonido es distinto y el disco tiene algunas partes incluso bailables, pero la crítica a la represión es mucho más ácida y directa que en Serú Girán). Dos ejemplos:

 

‘Nos siguen pegando abajo’ (fragmento)

Ella es menor, él es normal

y lo que están haciendo es un pecado mortal

ella se quedó sin boda ni arroz

y al novio lo agarraron entre muchos más que dos.

 

Miren lo están golpeando todo el tiempo

lo vuelven, vuelven a golpear

nos siguen pegando abajo.

 

Yo estaba en un club

no había casi luz

la puerta de salida tenía un farolito azul.

 

El se desmayó delante de mí

no fueron las pastillas

fueron los hombres de gris

 

‘Bancate ese defecto’ (fragmento)

Están pasando demasiadas cosas raras

para que todo pueda seguir tan normal.

Desconfío de tu cara de informado

y de tu instinto de supervivencia.

 

Hace tiempo que no leo ni veo nada

Porque me ofende que todo esté tan mal.

 Y hasta las personas lindas me dan rabia

y los chicos y las chicas no hacen nada por cambiar.

 

Porque algún día se va a abrir esta trampa mortal

pero hasta entonces llevarás en tu cara una sombra.

 

Y yo te digo eh

bancate ese defecto

no es culpa tuya si la nariz no hace juego en tu cara.

Y yo te digo eh

bancate ese defecto

aunque te arregles las gomas nena

seguirás siendo rara.

 

Mutilados, desnutridos,

ojo de vidrio, muestra tu cicatriz

marineros, maricones, embolsados,

bailan la danza de la inteligencia.

 

Como tantos otros genios, Charly irritaba a su público virando de estilo y de temática social para seguir en la vanguardia. “Cuando yo traje Clics acá fui hipercriticado”, dijo después el músico en varias entrevistas: “Lo que yo consideraba que era mi obra maestra recibía unas críticas horribles,  un bajón […] Antes todo estaba muy dividido: o eras rockero, o eras comercial, o eras escritor… El rock era demasiado dogmático. A mí se me criticaba al principio porque bailaba en el escenario”.

 

“Ahora hablo de la libertad, como siempre, incitando al baile, a lo que mueva”, dijo un año después de publicar el disco: “Mi LP ‘Clics Modernos’ tiene temas tangueros, pero no podemos ignorar que existen nuevos arreglos musicales, nuevos sonidos. No podemos ignorar la existencia de The Police y Michael Jackson” […] Pienso que puedo tocar con cualquiera […] Yo siempre digo que acá hay que juntarse más. No hay que tener miedo al fracaso. Aquí la gente tiene mucho miedo a fracasar. Pasa que a lo mejor te apoyan un día y al otro te odian. A mí me pasó: yo me fui a Brasil y cuando volví todos me odiaban y yo no entendía por qué”.

Dado el título de este pequeño homenaje, merece la pena mencionar a Miguel Ríos. Poco después de la salida de ‘Clics Modernos’, el rockero granadino publicó dos versiones de sendas canciones del disco: una excepción en el panorama ibérico.

 

4- Compuso la canción definitiva contra la(s) dictadura(s)

Cuenta la leyenda que cuando Charly grabó la canción Los dinosaurios en el citado estudio Electric Lady de Nueva York, varios amigos argentinos presentes se pusieron a llorar. El año de publicación de ‘Clics Modernos’ es el mismo en el que se disolvió la dictadura argentina, y la conmoción que produjo ‘Los dinosaurios’ es efecto directo de su claridad y de su inquietante belleza melódica, envuelta en sonidos menos claros. (La única canción del disco que no lleva caja de ritmos ni percusión). Se trata de un tema muy directo, accesible para todos, arropado por un piano agresivo, tenebroso e hipnótico (Charly, antes de ser muchas otras cosas, fue un extraordinario pianista) y unos arreglos vocales desgarrados: “Los amigos del barrio pueden desaparecer”. “La persona que amas puede desaparecer”. “Los que están en el aire pueden desaparecer”. ¿Hace falta decir algo más?

Maestro de la fusión entre la dimensión privada y pública de nuestras vidas, Charly fue un inteligente cronista sociopolítico a su pesar: se tornó reacio a caer en simplificaciones políticas y excusas de segunda mano. De hecho, García ha afirmado que no pensaba en los militares cuando escribió la canción. “La letra tenía más que ver con el sentimiento de ausencia que se produce en uno cuando pierde algo, desde un amor hasta el cepillo de dientes”, explicó en una entrevista con Rolling Stone. No importa mucho (dado que tampoco deberíamos creer siempre a los artistas): esta obra maestra ha quedado para la historia como un himno de protesta proveniente de un oído absoluto que dedicó su vida a desafiar las convenciones sociales, las imposiciones ideológicas, la salud y los peligros de la fama.

La relación de García con las fuerzas de orden público fue siempre pésima: se le desalojó de varios locales cuando quería dar conciertos eternos, tuvo bastantes problemas de madrugada (como se verá poco después) y le gustaba bromear con los agentes desde el escenario. Ya en tiempos de Sui Generis tenía fama por expulsar a policías controladores de los conciertos: “Sos uno contra cinco mil, vos sabrás qué tenés que hacer”, cuentan que le dijo una vez a un guardia de paisano durante un concierto de la banda. En el año 1982, durante el último concierto de Serú Girán, echó a un agente del estadio Obras mientras detenía a un estudiante. Como dice un crítico en este interesante documental sobre aquel concierto, “estábamos en plena dictadura militar; claro que en ese momento no iba a ir nadie a detenerle en pleno recital, pero luego por la noche él estaba solo en su casa”.

 

5- Se tiró una madrugada a la piscina desde el noveno piso de un hotel (y salió ileso)

El vídeo de este gran escándalo es hipnótico y supera cualquier descripción: los periodistas histéricos, el trance psicodélico del músico, su asombrosa destreza como saltador, las primeras palabras al salir del agua… Siempre se ha dicho que Charly quiso demostrarle a un policía de Mendoza que él no era como los demás. (El agente iba a arrestarle por un altercado sucedido horas antes en un bar, después de un concierto, y le había aclarado que, para él, Charly era “un ciudadano más, una persona común y corriente”. García le habría respondido: “Yo no soy igual al resto, yo soy un genio”).

Sucedió en marzo del año 2000. Durante la década anterior Charly había pasado algunas temporadas ingresado en clínicas psiquiátricas y de desintoxicación (generalmente, en contra de su voluntad). Las referencias a estas situaciones –más o menos veladas– son frecuentes en sus letras, como numerosos han sido los titulares ocupados por su vida privada y nocturna en la prensa argentina. Al parecer, García había practicado durante su juventud el salto en un estanque que había en una finca de sus padres en la provincia de Buenos Aires. Antes de saltar él, lanzó dos ositos de peluche que había en la habitación para calcular trayectorias y pesos. Luego se tiró él mismo, con una copa de champán en la mano. Cuando sale del agua, sin un rasguño, parece un ángel caído y milagrosamente resucitado.

 

BONUS: LISTA DE SPOTIFY

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