Foreign Tongues: demasiado viejos para bajar el volumen

Estos últimos capítulos de la trayectoria de los Rolling Stones vuelven a estar llenos de sorpresas. A principios de la década pasada, después de unos cuantos años de ausencia, celebraron su 50 aniversario y se pusieron a girar incansablemente, a un ritmo que no tenían desde principios de los 70. No parecían tener ninguna necesidad de presentar material nuevo. Hacía tiempo que grabar discos había dejado de ser un negocio y tampoco iban a vender una sola entrada de más a los cerca de 7,5 millones de espectadores ante los que actuaron durante ese periodo.
En 2023, después de una gira que nos dejó con un extraordinario sabor de boca y que vimos aquí, editaron Hackney Diamonds, un disco que miraba por encima del hombro a todas sus últimas creaciones.
Y lo que muchos nos tomamos como un epílogo, resultó ser un nuevo capítulo de esta historia, confirmado ahora con Foreign Tongues. Una obra que, ahora que Keith parece tener serios problemas para salir de gira, puede que no lleguen a presentar en directo. Y con la que sucede lo mismo que con sus últimos años en escena: no parece creíble que pueda ser tan bueno a estas alturas.
Porque, tal y como anunciaban, Foreign Tongues es todavía mejor Hackney Diamonds.
UN DISCO DE JAGGER
Que quede claro desde el principio: este es un disco de Jagger. Un disco impulsado por su armónica, sus desbordantes interpretaciones y sus ganas de comerse el mundo. Seguramente, casi todas las canciones firmadas por Jagger-Richards sean suyas.
Andrew Watt, el productor de moda, ha vuelto a ser su mano derecha. Además de estampar su firma un par de veces junto a la del célebre dúo, toca casi cualquier instrumento que puedas imaginar. A él seguramente le debemos muchas de las ideas y arreglos que nos encontramos.
Vayamos al grano. Es un disco de 14 canciones, así que me voy a centrar en las que más me han llamado la atención.
Rough and Twisted es la primera. Potente riff bluesero, suciedad, humedad, el entrelazamiento de Keith y Ron, Jagger cantando con un punto histriónico… Podíamos estar a mitad de Exile on Main Street. Y, entonces, característica que define al disco, nos encontramos con un imprevisible giro que lleva la canción a un nivel diferente, en este caso más rockero.
In The Stars, primer single, es otra inspirada pieza sostenida por un riff marca de la casa que deriva en un estribillo contagioso que, a mí personalmente, me remite a su etapa más popera de los 60.
En Mr Charm Jagger vuelve a hacer de cronista social de la high life derramando un poco de su mala hostia. Parece una versión refinada de When the Whip Comes Down o Shattered.
Divine Intervention es una de las mejores canciones cañeras que han hecho en mucho tiempo. Un comienzo que parece la prolongación de Respectable y otra inesperada transición que a mí me suena a power pop y no dejo de imaginarme en el repertorio de Cheap Trick. Toca además la guitarra una de las últimas personas que uno espera encontrar en un disco de los Rolling Stones: Robert Smith.
Ringing Hollow es una de las más comentadas por su contenido político. La Estatua de la Libertad llora, la Estatua de la Libertad está cabreada. Un homenaje a EEUU que podía haberse convertido en uno de esos temas country tan habituales en su discografía, pero resulta ser una de las canciones más hermosas que han compuesto en décadas. Y una de las pocas en las que se escuchan claramente los coros de Keith.
Hit Me in the Head es la hermana puesta de anfetas de la punkorra Bite My Head Off del anterior disco. Está rescatada de unas sesiones con Charlie todavía en la batería. Imaginaos lo que debió ser estar presente allí, en mitad de una intimidante panda de viejos haciendo ruido.
Tenía muchas ganas de escuchar lo que habían hecho con You Know I’m No Good de Amy Winehouse. Amy es tan grande que es la única artista varias generaciones más joven a la que han rendido tributo. Y es una versión tan negra que, en el mundo de los blancos, solo los Rolling Stones podrían haber hecho. La exquisita sobriedad de la original da paso a un sonido más grande y más golfo, y los aullidos y la armónica de Jagger la convierten en una canción 100% Stones.
Covered in You es una de las más enigmáticas. La tengo clavada en el cerebro desde hace días. Un tema que va fluyendo y mutando entre una balada sombría y un agresivo funk rock, con Jagger rapeando a gritos y Paul McCartney retumbando al bajo.
Side Effects es simplemente adictiva. Otra vez Jagger en modo explosivo y uno de los mejores solos de guitarra del disco.
Con Beautiful Delilah salimos por la misma puerta por la que hemos entrado. Un rock and roll primitivo de Chuck Berry que sirve para cumplir con la primera regla de todo viejo bluesman: paga tus deudas.
Quedan también por medio unas cuantas canciones estimables, que quizás crezcan a su debido momento.
Resulta absurdo hablar de entusiasmo y frescura si nos referimos a una banda con 25 discos de estudio y 64 años de viaje, pero eso es exactamente lo que nos encontramos aquí. Vitalidad y adrenalina, ninguna intención de aceptar su condición de ancianos ni de dedicarse a los medios tiempos y a reflexionar sobre el paso del tiempo. Algo que agradecemos al cielo los que queremos sentirnos emocionados y revitalizados tras escuchar un nuevo disco.
