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Marillion: así nació el crowdfunding

En plena vorágine de la economía colaborativa, resulta curioso pensar que la idea de tal invento no llegó de la mano de las multinacionales ni de los gurús que hoy nos explican sus razones y fundamentos, sino de un (aparentemente) trasnochado grupo de rock sinfónico.

A finales de los 90, Marillion atravesaba por corrientes en las que suelen ahogarse la mayoría de las bandas. Su carismático líder, Fish, había dejado el barco años antes, y con él el éxito de álbumes como “Misplaced Childhood” (1985) o “Clutching at straws” (1987) y de singles como “Kayleigh” o “Lavender”.

En una era en la que todavía quemaban las brasas del grunge e Inglaterra apostaba por el pop más simple y facilón, Marillion no encontraba su hueco y retrocedía rápidamente de la categoría de “banda de éxito” a la de “antigualla del pasado”.

El problema no era en absoluto musical. Steve Hogarth, el sustituto de Fish, en realidad estaba desarrollando el sonido de la banda, aportando nuevas influencias y sonidos más poperos. Junto a él, la banda había entregado varios discos de nivel y una obra maestra absoluta: “Brave”, en 1994.

Una parte de sus antiguos fans estaban fascinados por esta nueva dirección, pero Marillion seguían estando archivados bajo la etiqueta de “rock progresivo” y eso, a finales de los 90, significaba estar excluido de la radio o de la MTV. O sea, la muerte comercial y el abandono de tu compañía de toda la vida (en este caso, de EMI).

Tras el lanzamiento de “This strange engine” (1997), se ven con la inesperada circunstancia de que la escasa promoción planeada no incluye una gira por EEUU. Su nueva compañía, la mucho más modesta Castle Records, no podía permitirse tal inversión, cuya viabilidad estaba más que puesta en duda.

Anoraks al rescate

Aparte de una prenda de vestir, un “anorak” en Inglaterra significa, según el Cambridge Dictionary, “una persona aburrida demasiado interesada en los detalles de un hobby y a la que le resulta difícil conocer y relacionarse con otras personas”.

Aproximadamente, lo que los yanquis conocen como “nerd”.

Exactamente, el perfil que describía a la mayoría de los fans que le quedaban a la banda. Seres a contracorriente en aquella (esta) época de cool superficialidad.

Aquellos anoraks se pusieron en marcha. Donde no supieron llegar contratistas ni promotores, allí estuvieron ellos, utilizando el incipiente fenómeno de Internet para recaudar 60.000 dólares. Suficientes para que Marillion tocasen en territorio norteamericano.

El episodio pasó, en su momento, totalmente desapercibido, pero la semilla ya estaba plantada. Por primera vez, un grupo saltaba el charco para girar vendiéndoles las entradas a sus fans por anticipado y utilizando este novedoso medio (que entonces, no nos olvidemos, para el gran público también era cosa de anoraks).

El siguiente hito de esta historia llega un par de años y discos después y fue en gran parte orquestado por Mark Kelly, estudiante de Electrónica y teclista de la banda. Otro anorak en toda regla.

Las estreches de tiempo y presupuesto se estaban notando en el sonido de sus últimos discos. El tipo de limitaciones que pueden hacer que una banda de power pop o punk de lo mejor de sí, pero duras para una banda acostumbrada a componer tras interminables horas de jam session en el estudio. Una banda que había tardado 18 meses en parir su colosal  “Brave”.

El siguiente paso era pedir a sus fans que compraran por anticipado su siguiente disco y disponer así del tiempo, el personal y los medios adecuados.

Arrancaron el experimento en la primavera de 2000, cuando Internet apenas tenía una quinta parte de la audiencia actual. Pero la respuesta de los anoraks fue más que suficiente: 12.000 ventas por anticipado, un 5% de las (entonces) modestas ventas del grupo, pero que significaban muchísimo más al quitar de en medio a la compañía y la distribución.

Para la posterior distribución “normal” del disco, Marillion volvió a firmar contrato con sus antiguos jefes de EMI. Sólo que, esta vez, EMI se limitaría a distribuir su obra acabada, sin tener voz ni voto en nada más.

Durante meses, la banda estuvo calentando a sus fans con extractos de esas jams que mutarían en canciones, hasta que en mayo de 2001 enviaron las copias del nuevo disco, en edición especial, con más temas y el nombre de los fans (entre los que se incluye el que suscribe este artículo) inscrito en el libreto.

El nombre del disco era un homenaje a los verdaderos creadores del invento: “Anoraknophobia”. Puro orgullo anorak.

El amor que nunca termina

Marillion ha repetido el modelo antes de grabar con casi cada nuevo disco. La relación de amor con sus fans nunca ha terminado. Para el siguiente disco, el muy sólido “Marbles” (2004), los pedidos anticipados ya eran de 18.000.

Este idilio nos ha dado momentos muy cachondos. El cantante Steve Hogarth se quejaba en 2004 de que iba a acabar cumpliendo 50 años sin tener un single Top Ten en su currículum. Dicho y hecho. Los interesados compraron su siguiente single, “You´re Gone”, durante los primeros días de venta para que alcanzase el número 7 de las listas inglesas.

Durante el nuevo siglo, además, la prensa inglesa, siempre más interesada en la sensación del momento que en las carreras largas, se fue dando cuenta de que, pese a ser sin duda rock progresivo, su música no tenía nada que ver con la de EL&P o Camel. Que aquella búsqueda de sonidos se parecía más a “como si Pink Floyd y Radiohead tuviesen un hijo en contacto con su lado femenino” (cita que se atribuye a Hogarth para describir a la banda).

Tras obras importantes como el mencionado “Marbles” o “Happiness is the road”, Marillion lanzaban “Fuck everyone and run (F.E.A.R)” en 2016. Un álbum tan denso y fascinante como sus predecesores, sin concesiones musicales. Pero que esta vez fue todo un éxito en media Europa y les hizo alcanzar el número 4 de las listas inglesas. El primero que rompía el top 5 en casi 30 años.

Dos décadas después de que arrancase esta historia, que se prometía tan difícil, Marillion lo habían vuelto a hacer. Siempre a cobijo de sus anoraks.

 

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