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Y a ti, ¿qué música te gusta?

La cumbre de Spiritualized como resumen de tus filias musicales

¿Qué música te gusta?

Te enfrentas a esa pregunta infinidad veces, siempre con la sensación de que deberías conocer la respuesta. De que has pasado tanto tiempo de tu vida escuchando discos que estás listo para aprobar ese examen con nota.

Y, sin embargo, ¡qué difícil tesitura! ¿Cómo resumir en un puñado de palabras todos los sonidos que has ido aprendiendo a disfrutar a lo largo de infinitas horas de escucha; los sonidos que sabes que han dado forma a tu visión del mundo y te hacen sentir afortunado por haberlos encontrado?

Pero tras tantos intentos, un día caes en la cuenta de que la respuesta estaba ahí desde 1997, dentro de esa carpeta azul y blanca de título Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space.

la portada

Y es que los 70 minutos de música que Spiritualized nos recetaron en su tercer álbum, pero también las circunstancias que rodearon al proceso de creación, así como el formato en el que se dispensó (ver más abajo) el disco, son para mí una antología de lo que consigue que no pueda imaginar un día sin música.

EL CONTEXTO

Tu pareja y compañera de banda te abandona poco antes de entrar al estudio para, en secreto, casarse con Richard Ashcroft.

Tras ello, y lejos de desaparecer de tu vida, ella participa en las sesiones de grabación. Es su voz la que acabará abriendo el primer corte del álbum. Y su presencia, que escuchamos reflejada en múltiples réplicas vocales en varios de los cortes, te acompaña cual asfixiante penitencia mientras tú, propenso a caer en pozos de autodestrucción narcótica, subes y bajas de una montaña rusa emocional durante esos meses.

Con estas condiciones de partida lo que se espera de ti es que salves los muebles, agradecido de que la derrota no acabase con la banda o, peor aún, en tragedia.

Pero afortunadamente Jason Pierce no hizo lo que se esperaba de él. Bajó a los infiernos, sí, pero para luego encontrar la salvación en ese exorcismo caótico convertido en un conjunto de canciones apasionante, de una belleza devastadora. Y el resultado acabó siendo uno de los discos decisivos del rock (y mejor álbum de 1997 para NME, con contendientes de la talla, atención, de OK Computer).

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EL FORMATO

Fue hace años, pero aún puedo ver a mi amigo C. describirme ilusionado lo que disfrutó el momento en que por primera vez abrió este disco, y cómo ese gesto se convirtió en un souvenir eternamente asociado a su escucha:

El embalaje de la edición en CD imitaba a una caja de medicamentos, con el compacto cual pastilla dentro de un blíster de aluminio.

Diseño, tipografía, colores… todo hubiera podido estar expuesto en la estantería de una farmacia sin llamar la atención. Pero la cosa iba más lejos, y el libreto de créditos en su interior tomaba forma de prospecto donde encontramos su composición (tracklist), principios activos (miembros del grupo y músicos colaboradores), indicaciones (tratamiento del alma y el corazón), posología (reproducir una o dos veces al día), precauciones (atención a su uso simultáneo con bebidas alcohólicas o drogas recreativas), o sus efectos secundarios (pérdida de memoria, confusión, ansiedad, euforia…).

el formato

Siempre me pareció una idea genial, que sugiere el concepto de la música como algo terapéutico y sanador, pero que no deja de evocar el aura narcótica que siempre ha rodeado a Pierce, junto con sus riesgos y consecuencias.

De este modo, el conjunto música-envoltorio encaja e invita a la escucha del todo como obra total. Las partes se completan unas a otras, cada canción lleva a la siguiente sin la urgencia de saltar de pista o volver atrás, y el placer del viaje hace que acabemos conociendo de memoria incluso las transiciones, los interludios entre un tema y el siguiente.

Así, yendo más allá de la canción para lograr entender al artista y sus circunstancias, es como aprendí a escuchar música. Y Ladies and Gentlemen… es la recompensa para cualquiera que esté dispuesto a pulsar PLAY sin nunca acercar el dedo al FFW.

LAS CANCIONES

Una historia tortuosa y un embalaje original hubieran sido mera anécdota de no haber ido de la mano del torrente sónico que se desenvuelve ante nosotros.

La etiqueta Space Rock, para siempre asociada a Spiritualized, puede ayudarnos a situar el origen de coordenadas. Pero el campo de batalla se amplía en este disco más allá de la psicodelia ruidista y repetitiva.

Están el estruendo y la distorsión, por supuesto. Al igual que capas y capas superpuestas de texturas sonoras que hacen suculenta la escucha.

Están, claro, las canciones que nacen tímidas y acaban creciendo, enormes, mientras flotan sobre obstinados drones. Así como hay también brillantes pildorazos de goce inmediato.

Están el blues, el góspel y el free jazz asomándose aquí y allá, junto con arreglos orquestales deliciosos que conviven con una sección de vientos furiosa, expresiva, intensa.

Y completan el conjunto los inspirados textos que dan vueltas, obsesivamente, aunque sin renunciar al sentido del humor, alrededor de la derrota, el abandono, la autodestrucción y la esperanza de la redención.

Pierce hace uso de referencias religiosas, no como un predicador, sino como herramienta que ayuda a situar al oyente en lugares comunes y así transmitir estados de ánimo de manera poderosa.

Por último, las alusiones, que no la exaltación, al uso de estupefacientes son frecuentes, como reflejo de la rutina en la que andaba metido nuestro protagonista.

El equilibrio entre la temática y las situaciones que se nos presentan, y su soporte sonoro es impecable. Ambos se integran de manera exquisita para nuestro disfrute, mientras experimentamos cómo se dan la mano lo sombrío y lo místico, lo trágico y lo épico.

Y lo mejor de todo, es que a estos 70 minutos de música les quedan multitud de interpretaciones más. Tantas como formas de acercarse a ellos tendrá cada uno de nosotros, ya sea persiguiendo el conocido refugio que nos conforta o yendo al encuentro de otra nueva sorpresa por descubrir.

¿Acaso no es eso lo que uno busca cuando escucha un disco?

Y a ti, ¿qué música te gusta?

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