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Rolling Stones: el imposible camino hacia un nuevo disco

Hace unos días, los Rolling Stones lanzaron por sorpresa Living in a Ghost Town, su primera nueva canción en ocho años, y supuesto anticipo de un disco que viene anunciándose desde hace siete. Su actividad en directo, donde siguen pareciendo indestructibles, es frenética, pero ¿son ya incapaces de completar un buen puñado de canciones?

«Yo escribo canciones sin parar. Espero que haya un nuevo disco de los Stones, pero a la gente no le gustan las canciones nuevas en directo. Te miran en plan “bueno, en un minuto se acaba”. Sé que no es una buena excusa, pero esa es la verdad». Mick Jagger, abril de 2013.

Hubo un momento, durante el presente milenio, en el que bandas y artistas considerados “legendarios” se dieron cuenta de que su valor estaba, esencialmente, en el factor nostálgico. Cualquier nueva creación iba a ser irremediablemente comparada con un repertorio mitificado en la historia de la música y en nuestra propia biografía personal.

Como problema añadido, el interés comercial por grabar nuevos discos cae también en picado. Mientras la industria clásica se hunde, el negocio de los conciertos en directo se hace más grande que nunca. Ya no se gira para vender un disco, ahora (como mucho) se graba un disco como excusa para una gira. ¿Y por qué pagan pequeñas fortunas las personas que abarrotan un estadio? Por el repertorio clásico, el de siempre.

Naturalmente, hay muchos matices dentro de esta tendencia. Casi todos los grandes han hecho un esfuerzo por ofrecer nueva música, y hay leyendas, Bob Dylan a la cabeza, cuya complacencia con su público es nula. Pero es la plantilla de este último tramo de la carrera de los Rolling Stones, que llevan girando sin parar tras su vuelta a los escenarios en 2012, pero solo han grabado tres canciones nuevas en los últimos 15 años.

EL ETERNO ENFRENTAMIENTO

«Vamos a terminar el disco, pero no sé cuándo, porque queremos que sea muy bueno. Espero que sea muy ecléctico, con una parte de los Stones que no hayáis escuchado antes. Nos queda mucho trabajo pero creo que suena muy bien y estoy deseando continuar». Mick Jagger, noviembre 2016.

El problema, no obstante, más grande para hacer avanzar el hipotético nuevo disco es la ya histórica lucha fraternal Jagger-Richards. Al cantante nunca le ha gustado en exceso la nostalgia; a punto de cumplir 77 años, dice estar componiendo canciones siempre por mero placer. Nadie más feliz que él si la banda fuese capaz de lanzar algo nuevo y relevante. A Richards, sin embargo, le basta con tocar los viejos éxitos de siempre. Le interesa, en general, bastante poco toda nueva grabación. Si por él fuera, dedicarían medio concierto a tocar temas blues todavía más añejos que el primer single de los Rolling Stones.

Richards ha pegado además un notable bajón durante los últimos años, solo hay que ver cómo su espacio en directo lo ocupa, cada vez más, ese gran guitarrista, tan poco reconocido, llamado Ron Wood. Algo, por otro lado, un poco inexplicable, porque el viejo Ron, aun siendo un poco más joven, es el que ha mantenido durante los últimos años una auténtica vida de bandolero: escándalos públicos, bancarrotas, desintoxicaciones, boda con una mujer 30 años más joven que él…

El epicentro de estas peloteras se suele encontrar en el momento en el que Jagger intenta añadir un toque nuevo al sonido de los Stones, algo que sin duda debe de estar pasando también en este caso. Se dice que los dos singles que lanzó Jagger en 2017 por sorpresa (England Lost y Gotta Get a Grip) eran canciones rechazadas por Richards para el nuevo disco. Si bien es cierto que nunca sabremos cómo habrían sonado en un disco de los Rolling Stones, no parece arriesgado afirmar que no nos hemos perdido algo muy grande.

NI TRISTES NI SOLOS

“Quiero ver cómo se recibe Blue & Lonesome antes de decidir si quiero grabar las canciones de Mick, o si quiere que nos sentemos para grabar algunas canciones juntos”. Keith Richards, noviembre 2016.

Resulta, sin embargo, irónico, la velocidad a la que ocurren las cosas cuando ambos están de acuerdo. A finales de 2016 lanzaron Blue & Lonesome, una vieja petición de los fans: un disco íntegramente compuesto por versiones de blues.

Si para una canción del hipotético nuevo disco hemos tenido que esperar siete años, Blue & Lonesome fue grabado en tres días. Y, pese a ser un disco un tanto anecdótico, encantó a los fans. Fue número 1 en Reino Unido y 4 en EEUU. En un par de meses, había vendido la más que respetable cantidad de dos millones de discos.

De este inesperado éxito se podrían haber sacado en claro al menos dos cosas. La primera: hay una evidente demanda por nueva música de la banda. La segunda: no es necesario complicarse mucho la vida para ofrecer algo interesante. El principal valor de Blue & Lonesome era precisamente su frescura y crudeza.

Difícilmente se podría haber dado un momento más motivador para volver al estudio y ofrecer algo nuevo. Pero, cuatro años después, seguimos sin indicios claros de que el nuevo disco vaya a ser una realidad.

LIVING IN A GHOST TOWN

Horas antes de colgarse en Internet, se anunció que la nueva canción tenía un toque Miss You, aunque, realmente, suena como muchas otras canciones de los Rolling Stones o de Jagger en solitario. Un tema con groove y algo de gancho, pero que deja la decepcionante impresión, para ser el primero en ocho años, de estar hecho con el piloto automático.

La canción nos habla, oportunamente, del confinamiento, un eco de aquella época en la que temas como Satisfaction, Street Fighting Man o Gimme Shelter recogían y excitaban la conciencia colectiva de su tiempo.

El precedente anterior más claro es Highwire, que en 1991 cargaba con machete contra la Operación Tormenta del Desierto en Irak:

Les vendemos misiles, les vendemos tanques

Les damos crédito, puede preguntar al banco

Es solo un negocio, puedes pagarnos en crudo

No tenemos orgullo, no sabemos a quién lamer las botas

Actuamos tan codiciosos que me hace sentir enfermo, enfermo, enfermo

Muy destacable que estos tipos, a los que ya se consideraba dinosaurios aburguesados, fueran los únicos músicos en poner los cojones sobre la mesa y explicar de qué trataba aquella guerra.

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