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Un asunto de familia

Para algunos, un mismo apellido es un mismo oficio

Negocio familiar  

Serán los genes, el crecer y moverse en los círculos adecuados, los intentos de imitar a los referentes más cercanos, o incluso el dejarse llevar por las expectativas que los mayores tienen para su prole. Esos y otros motivos parecidos han dado lugar a sagas familiares que perpetúan negocios u oficios durante generaciones. Así, un apellido acaba asociándose a una profesión o una disciplina, y lo natural parece ser que la siguiente generación continúe –con mayor o menor fortuna– dedicándose a la misma actividad que sus progenitores.

Los ejemplos son incontables en multitud de campos. Basta con enumerar unos cuantos nombres propios para darse cuenta de cómo, en algunos árboles genealógicos, la profesión, junto con el apellido, pasa de una generación a la siguiente: en banca, los March; en el circo y espectáculos, los Aragón; en la cocina, los Arzak; en la moda, los Domínguez; en el deporte, los Sainz; en el periodismo, los Prats; en el cine, los Bardem; en la política, los Pujol.

¡rock’n’roll!

La música rock, como veremos en las líneas que siguen, no es ajena a este fenómeno. Sea perpetuando estilos, o rompiendo los moldes, muchos en el negocio han visto a sus vástagos tomar el relevo. En algunos casos el apellido era tan grande que acababa por eclipsar al portador. La mejor tarjeta de presentación se convierte así en un lastre, que sitúa al descendiente como eterno aspirante a los logros y laureles de su antecesor. Por ejemplo, en mi caso, y a pesar de Grammys o portadas de Rolling Stone, nunca pude escuchar sin prejuicio a Jacob Dylan o Julian Lennon.

Quizás para evitarse lo anterior, otros sin embargo optaron por no usar el apellido de papá o mamá: Zak Starkey, hijo de Ringo Starr, ha colaborado como batería con los Who, Oasis, Johnny Marr o Paul Weller, y no va por ahí luciendo linaje de ilustre percusionista. Del mismo modo, pero esta vez puede que por lo complicado de reutilizar nombre artístico, cuando Joe Sumner sube a un escenario, pocos saben que por sus venas corre la sangre de Sting.

Algunas sagas del rock

FEELS trajeron a pasear su garage cargado de fuzz por nuestro país, el gancho estaba en que su líder, Laena Geronimo, es hija de Alan Myers, fallecido componente de Devo. Poco parecían importar su discografía, sus dotes como violinista clásica o su imponente historial como música de estudio y directo acompañando a un sinfín de bandas.

laena geronimo: papá llevaba sombreros raros

Tiempo después llegó a mi bandeja de entrada una nota promocional donde lo primero que leí sobre dani no fueron líneas tratando de situar su música en unas coordenadas de referencia, sino la siguiente cita: “es una cantante y compositora nacida en Vigo hace 22 años en el seno de una familia muy musical: sus padres son Rosa Costas y Silvino, dos de los miembros del mítico grupo Aerolíneas Federales y es sobrina de Miguel Costas, de los no menos míticos Siniestro Total. De casta le viene al galgo y a pesar de las advertencias familiares, dani decidió que lo suyo era la música”. Hacía falta saltar al siguiente párrafo para saber de qué iba lo que hacía esta chica.

Algo de cabreo hubo al pensar en que, a pesar de ser una estrategia comercial posiblemente acertada, la sombra de la ascendencia era alargada, y un arma de doble filo: o no deja brillar por sí mismas a propuestas sobradas de argumentos propios, o maquilla y oculta defectos, supliéndolos con morbo y cuchicheos.

Pero en medio de estas divagaciones tuve que hacer las paces con los lazos de sangre al ver tocar juntos, acompañando al gran Víctor Coyote en una mañana de domingo en Galicia, a Pablo y Fiz Novoa. El brillo en los ojos del veterano guitarrista, mientras tocaba al ritmo que marcaban las baquetas de su hijo, era de puro orgullo y goce. No hicieron falta presentaciones, y el swing que desprendía aquella batería no requería enseñar el DNI para meterse en el bolsillo a todos los que estábamos allí.

fiz novoa – víctor coyote abundancia – pablo novoa

Otro que parece derretirse de placer cuando su hijo sopla el tenor es Rickey Washington. En la gira que les ha llevado por todo el mundo, papá alterna solos y acompañamiento a la flauta y saxo en un relativamente discreto segundo plano, mientras Kamasi demuestra por qué es la gran esperanza del jazz del siglo XXI. Al parecer Rickey sacrificó su carrera como performer enseñando música para poder sacar adelante a su familia. Ahora su hijo le reconoce aquel gesto, y la mejor forma de agradecérselo fue contando con él para formar parte de su banda y marchar juntos de tournée.

kamasi y rickey washington

Siguiendo con momentos enternecedores, aquí tienen un fragmento del documental I am trying to break your heart (Sam Jones, 2002). En él, Jeff Tweedy y su hijo Spencer juegan a adivinar de qué canción de Wilco es la percusión que “toca” este último mientras viajan en el bus de la banda.

¿No es bonito que años después ambos publicasen un álbum juntos (Sukierae, 2014), con el pequeño Tweedy a la batería?

El próximo combo padre-hija llevó esa ternura hasta rincones algo incómodos para algunos en 1985. El gran provocador Serge Gainsbourg canta Lemon Incest a duo con su hija Charlotte Gainsbourg (pre-adolescente por aquel entonces), y el escándalo está servido. Si la letra -que Charlotte casi susurra, con una voz rota en los agudos- no era suficiente (“…el amor que jamás haremos juntos es el más bello, el más violento, el más puro y embriagador…”), ¿por qué no grabar un videoclip donde compartan cama, él con el torso desnudo, y ella en bragas?

Más allá de provocaciones, Charlotte continuó con una interesante carrera en la música y el cine que llega a nuestros días. Y no fue la única hija de Jane Birkin en seguir los pasos de mamá. Su hermanastra Lou Doillon ya cuenta con 3 referencias en su discografía, donde trabaja un pop french-touch a medio camino entre el indie y el folk. Además, ha participado en buen puñado de películas.

Al contrario que Serge y Charlotte, Tim y Jeff Buckley no llegaron casi a conocerse. El padre, legendario cantante que facturó cumbres como Happy Sad (1969) en los 60′ y 70′, dejó atrás a su familia cuando Jeff contaba con apenas seis meses de vida. Años más tarde se volverían a ver unos días, poco antes de que Tim falleciese de sobredosis a los 28. Jeff heredó unas cuerdas vocales prodigiosas, unas mejillas envidiables y la maldición de una muerte prematura. Grace (1994) fue al mismo tiempo ópera prima y canto de cisne, además de un álbum para la historia, de una belleza apasionada y melancólica que seguirá estremeciendo a generaciones por venir.

tim y jeff buckley

Con los Buckley poniendo la nota triste a este artículo, echemos mano de los Kuti para volver a terrenos más alegres. Nieto de un reverendo que ya había grabado discos de himnos a principios del siglo XX, el Nigeriano Fela Anikulapo Kuti nos brindó una de las grandes revoluciones musicales de nuestra era: el afrobeat, ese estilo basado en largos desarrollos polirítmicos, hipnóticos riffs de guitarra, vientos poderosos, cánticos y líneas de bajo cargadas de groove repetidas sin fin, se puede considerar un invento suyo. Su posicionamiento político contra el régimen de la época, su vida excesiva (tuvo 27 esposas, pasó tiempo en la cárcel, dirigió el mítico club Africa Shrine, donde tenían lugar fiestas épicas) lo convirtieron en un líder único. Y tras sus pasos fueron dos de sus siete hijos. Seun Kuti es el más continuista, ya que mantiene en marcha a los Egypt 80, la banda de acompañamiento de su padre, facturando un afrobeat clásico y comprometido. A su vez, Femi Kuti se sitúa más cercano al funk y al jazz, sin perder de vista el activismo político y las reivindicaciones anticolonialistas.

yo inventé el afrobeat

¿Hemos dicho Jazz? Pues así se llama una de las hijas de Ramón Rodríguez (aka The New Raemon). La banda Mourn cuenta en sus filas con las hermana Jazz y Leia Rodríguez. Ya en 2014, cuando todavía alguno en el grupo no podía votar ni beber legalmente, llamaron la atención de la crítica especializada de aquí y del otro lado del Atlántico (pocos en el rock nacional han recibido loas de Pitchfork como Mourn). Su debut, de energético post-punk, suavizado por el indie-rock y con guiños a referencias como Sleater-Kinney o PJ Harvey se registró en estudio ayudados por Lluís Cots (batería de Madee, grupo donde también militó papá Rodríguez) a la producción. Hoy día todos continúan editando música, y parece que padre e hijas pudieran compartir un público que nació en una época intermedia entre la de él y la de ellas.

los rodríguez

Y con los Rodríguez toca cerrar este vistazo superficial e incompleto a cómo las estirpes musicales se dan el relevo generacional o conviven creando canciones. Se han quedado muchos nombres fuera (pienso en Ian y Baxter Dury, o en Albert Hammond y Albert Hammond Jr.), pero la lista sería interminable, y hay tantas historias que leer en ButWeLikeIt, que bien hará el lector que quiera cultivarse sin renunciar a una agradable lectura, en acudir a alguna de ellas inmediatamente.

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